Hola a tod@s !!!
¿Cómo estáis?, no pasaba por aquí desde junio. Y es que el verano cada vez es más largo y más pesado, según pone en la página de Aemet a esta hora hace 36 grados en Sevilla. No se si a vosotros os pasa igual pero cada vez me cuesta más leer o escribir con estas temperaturas.
Como ya os comenté en junio leí dos libros que me traje de la biblioteca, Hasta que empieza a brillar de Andrés Neuman y Un lugar llamado Antaño de Olga Tokarczuk. Con el primero he conocido un poco la figura bastante desconocida de María Moliner y de como escribió su diccionario. Con el segundo volví a disfrutar de la premio Nobel polaca. Esta vez con un libro totalmente distinto a Sobre los huesos de los muertos, el primero que leí de ella. Un lugar llamado Antaño es un derroche de imaginación que mezcla historia del pasado siglo, defensa de la naturaleza con algo de realismo mágico, y que me duró poquísimo. Las dos han sido unas lecturas muy interesantes que os recomiendo descubrir. Además he leído a Agatha Christie, en esta ocasión en versión teatral con La ratonera, tengo bastante avanzada la reseña así que ya os contaré con más detalle y Sueño de un mediodía de verano de Yannis Ritsos. La editorial Acantilado es una de mis debilidades y este pequeño librito me ha transportado a los paisajes, juventud, tradiciones y época de este gran autor griego.
Y septiembre lo empiezo con Principio, medio, fin de Valeria Luiselli que me está maravillando y no quiero terminarlo. A ver que elijo después.
«Llevaba un rato buscando algo así como un nuevo comienzo. Injusto o extraño, quizás, pedirle eso al tiempo: la posibilidad de empezar, de empezar de nuevo. Lo único que tenía que hacer, o eso creía entonces, era responder a una pregunta: ¿cómo lo reinvento todo?»
Esta historia comienza el día en que una madre y su hija adolescente llegan a Sicilia, durante un verano de vientos impredecibles, repentinas tormentas y volcanes que amenazan con entrar en erupción. La madre acaba de dejar atrás un divorcio difícil y sabe que es hora de encontrarle un nuevo inicio a su vida. Por ahora el plan es: equipaje ligero —una maleta gris y una verde— y no dejar de moverse hasta que cada cosa por fin caiga en su lugar.
A medida que pasan los días en la isla, crece la curiosidad de la hija por la historia de la Nanna, su bisabuela, que trabajó como excavadora en un yacimiento arqueológico antes de emigrar a las Américas. De los paseos, las lecturas y las conversaciones entre madre e hija surge la pregunta esencial que late en el interior de esta novela: ¿cómo reimaginamos la vida de otro modo?

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