Después
de compartir el resumen de mis lecturas del año pasado he pensado
presentaros un poco los libros recién llegados a mis estanterías. A
los traídos por Papa Noel y los Reyes Magos he añadido los que
cayeron en mi cumpleaños.
Por
si no los conocéis os dejo sus sinopsis.
Guardé
el anochecer en el cajón - Han Kang
Premio
Nobel de Literatura en 2024, Han Kang se revela en Guardé el
anochecer en el cajón como la gran poeta que alienta tras sus
muy celebradas ficciones.
El
«anochecer», ese espacio ambiguo entre dos luces, se convierte en
el escenario en el que una voz dolida e inteligente nos habla de la
soledad, la enfermedad, el encuentro entre muertos y vivos, la fuerza
frágil de la palabra, la necesidad del arte.
Sin
conocer en detalle la anécdota que genera el poema, el lector
ingresa sin embargo en un ámbito de inmediata y poderosa intimidad
que acaba haciéndole partícipe de una especial trascendencia
cotidiana.
Se
trata de una poesía delicada, oscura, inquietante y tremendamente
visceral, que pone el cuerpo y las emociones en su mismo centro. Como
ha dicho la autora en The New Yorker, «el lenguaje es como una
flecha que siempre falla el blanco por un margen estrecho y es
también algo que transmite emociones y sensaciones que producen
dolor».
Al
faro - Virgina Woolf
Ilustración
Gala Pont Traducción Carmen Martín Gaite
Al
faro es, pese a su brevedad, una de las obras mayores de Virginia
Woolf. Concebida más como un cuadro que como una novela, nos muestra
el devenir interior de cuatro personajes a lo largo de dos días
entre los cuales transcurren diez años.
El
estilo de la novela, barroco y poético, es tan deslumbrante como el
retrato psicológico, la carga simbólica de sus imágenes y la
profundidad conceptual de una Virginia Woolf en estado de gracia que,
con esta novela, nos ofrece una de las cumbres del modernismo
literario.
Vita
longa - Mary Oliver
El
regalo de la escritura de Mary Oliver es comunicar la belleza
sencilla del mundo y hacerla inolvidable. Esto nunca ha sido más
cierto que en la luminosa colección de ensayos y poemas que
conforma Vita longa. Con la gracia, la delicadeza y la precisión
que caracterizan toda su obra, Mary Oliver nos muestra en este libro
que escribir «es una forma de alabar el mundo», y nos sugiere, de
forma aparentemente sutil pero inapelable, que leamos sus ensayos y
sus poemas como «repentinos aleluyas» con los que celebrar el
esplendor de la existencia.
Así,
ya sea relatando su encuentro con un pececillo varado en la marea
baja, o la sensación sagrada de ser bautizada por el agua que emana
del espiráculo de una ballena, o la conexión que trasciende todas
las palabras y que, por un instante, une su alma con el paisaje, Mary
Oliver invita a sus lectoras y lectores a reencontrarnos a nosotros
mismos y a volver a situar nuestras experiencias en el lugar que
verdaderamente merecen: el centro del mundo. Pero, además, también
nos habla de sus escritores favoritos, sobre los que escribe y
reescribe como si su amor por ellos y su deseo de atrapar la esencia
última de su obra no se agotara nunca.
El
torbellino de belleza y perplejidad que le sugiere William
Wordsworth; el inquietante regusto dulzón que siempre le deja
Nathaniel Hawthorne o la admirable determinación que aprende de
Ralph Waldo Emerson, quien le recuerda, a ella y a nosotros, que «la
auténtica vocación de un ser humano hace girar todas las pesadas
velas de su existencia hacia ese propósito superior». ¿Qué otra
cosa sería Vivir, escrito con una gran V mayúscula?
«Mary
Oliver vive con un sentido tan profundo de la responsabilidad —“la
responsabilidad de vivir de manera reflexiva e inteligente”, nos
recuerda— que hace que el lector se pregunte cómo sus ensayos y
poemas logran despegar y volar con tanta alegría. Es la precisión,
por supuesto, de sus observaciones y su visión. Es su claridad, que
siempre hace que las cosas parezcan ligeras y fáciles». Susan
Salter Reynolds, Los Angeles Times
«Con
paciencia y belleza, Mary Oliver nos enseña a realizar uno de los
actos más profundos que nos atañen como seres humanos: prestar
atención. Y así ser capaces de apreciar de verdad todo lo que nos
rodea». Boston
Globe
Memoria
de la nieve - Julio Llamazares
Ilustrado
por: Serra, Adolfo Premio Nacional al Libro Mejor Editado 2020
Publicado
en 1982 Memoria
de la nieve es
el segundo libro que escribió Julio Llamazares. Su escritura está
vinculada estrechamente a aquel paisaje perdido y reencontrado en su
memoria. Como el propio autor señala: «Son símbolos de mi
biografía: la nieve, los bueyes, las montañas, etcétera. Otros
tendrían el mar, los cañaverales, el sol, como paisaje de su
historia. Pero la mía es ésta, de esta simbología parte lo que
digo, y surge lo mismo en prosa que en poesía. Ese título, resume
muy bien no solo la poesía sino toda mi obra. Creo, además, que es
una redundancia: la memoria es como la nieve, escribes sobre ella, y
mientras escribes se va derritiendo. Es como si siempre escribiera
sobre la nieve, no sobre el papel». «Llamazares es sobre todo un
poeta; de hecho, el ritmo de su escritura en prosa es deudor de esa
ambición de asociar las palabras (y la memoria, que es su fuente)
con el ritmo; la música es consustancial con su narrativa, y eso le
viene de la poesía». Juan Cruz, El País

El
cuento del cortador de bambú - Anónimo
El
cuento del cortador de bambú (Taketori Monogatari) narra la
historia de la princesa Kaguya. La pequeña, de tamaño tan diminuto
que cabe en la palma de la mano, es milagrosamente descubierta en el
interior de un tronco de bambú por el anciano leñador Okina, quien
la criará junto a su esposa como si de su propia hija se tratase. La
princesa crecerá y se convertirá en una hermosa joven cuya
excepcional belleza atraerá a multitud de pretendientes, a los que
someterá a pruebas imposibles. No obstante, ninguno de ellos será
aceptado por la princesa. Hasta el mismísimo emperador del Japón,
prendado de tan sublime beldad, será rechazado. El motivo
no es otro que el misterio que envuelve el verdadero origen de Kaguya
y que determinará el desenlace final de la historia.
Considerada
como el primer relato de ficción de la literatura japonesa escrito
con el sistema silábico kana y precursora del
género monogatari que
florecería a lo largo de la época Heian, esta joya del siglo X
no solo nos explica el origen del nombre del monte Fuji, sino que
también, con refinamiento y sensibilidad, nos traslada a un pasado
mítico envuelto en leyenda.